Sin categoría

Doña Cayetana y su criado Sebastián

Tú eres una señora rica y caprichosa y me tratas despóticamente, a mí, Sebastián, tu cocinero particular. 

Harto de que nunca estés contenta con mi trabajo, de que me grites por cualquier cosa e incluso de que alguna vez me abofetees, a veces he escupido en la comida que te preparo. Nunca te diste cuenta, hasta hoy, que te quejas de que el café con leche sabe raro (la verdad es que hoy me he pasado y, en vez de escupirte, me he hecho una paja en la taza).

Como parece que no te ha sentado bien, me mandas que te dé un masaje a ver si se te pasa. Mientras te lo voy dando, te vas quejando de que no te encuentras bien, a lo que yo me lo tomo a broma, e incluso parece que me ría de ti.

Te enfadas y me preguntas qué me hace tanta gracia. Yo te respondo con evasivas. Empiezas a sospechar que te echo cosas raras en las comidas. ¿Acaso quiero envenenarte? 

Me atas y empiezas a interrogarme duro, abofeteándome la cara e incluso la polla. “¿Qué me pones en las comidas, cocinero de mierda?”. Al final te confieso lo que hacía: le tiraba escupitajos y hoy incluso me he corrido en tu café con leche.

Te pones hecha una furia y dices que me darás un “menú gastronómico” que no olvidaré jamás.

Inmovilizado como me tienes, me abres la boca y me vas escupiendo para que me lo trague.

Luego me llevas a la ducha, me inmovilizas de nuevo, me ensartas un embudo en la boca y te meas encima para que me trague tu orina.

Por último, me atas de nuevo, te enfundas unos guantes de cocina, me masturbas con ellos y cuando ves que voy a correrme, me pones en la polla un vaso para recoger todo el semen, y luego me obligas a tragármelo todo. Yo me resisto, pero como estoy inmovilizado no puedo evitarlo.