La sirvienta enfadada
Tú eres la sirvienta de una señora muy rica a quien, durante las pasadas fiestas navideñas, han regalado un robot humanoide para que haga tareas domésticas y sea al mismo tiempo su “asistente personal”. Por lo que te ha insinuado la señora entre risas para darte envidia, se ve que al robot ese le puedes mandar que te preste todo tipo de servicios, incluso sexuales. A ti no te hace ninguna gracia, estás súper enfadada porque tienes miedo de que el robot humanoide termine llevando la casa y a ti te echen de patitas a la calle.
Un día la señora te pide que limpies el robot y luego le recargues la batería. Tú aprovechas la ocasión para curiosear algunas de las interioridades de la máquina y, al mismo tiempo, para vengarte de ella por el peligro que representa para tu empleo,
Primero ordenas al robot que se ponga de rodillas y con el pie le aprietas la cabeza contra el suelo para que le quede claro quién manda aquí. Luego le ordenas que se tienda boca arriba en el suelo, te sientas en la silla de la señora y usas la cara del robot de reposapiés, la lengua de lamepiés, o la superficie para frotarte y rascarte la planta del pie…, lo que sea, lo que te plazca.
Cuando tus pies ya estén cansados de juguetear con la carcasa del robot, le ordenas que se levante, le sujetas las cuatro extremidades a dos postes de la sala y comienzas a limpiarlo rudamente con guantes, plumero, trapo y cepillo de mano. A veces parece que, más que limpiarlo, lo estés torturando: con los guantes le abofeteas la cara, pellizcas las tetillas o estiras la polla; el trapo puede deslizarse suavemente o frotar con fuerza; el plumero puede cosquillear e incluso excitar pero también golpear como si fuera un látigo, y las cerdas del cepillo pueden clavarse como agujas. El robot se queja de dolor (¡ya te lo dijo la señora que, a veces, esta máquina da cosa porque parece tan humana…!), pero a ti te importa un comino, y además has sido precavida y lo tienes inmovilizado, no sea el caso de que esté programado para revelarse si se le maltrata. De todos modos, si te molestan sus quejidos, siempre puedes silenciarlo tapándole la boca con lo que sea.
Como la señora te ha dicho que tienes que asearlo de arriba abajo y a conciencia, después de limpiar toda la superficie llega la hora de meterse con los mecanismos más delicados. Empiezas por el de atrás y penetras su agujero con un dildo. Con la excusa de que le salgan todas las impurezas, aprovechas para follártelo a gusto, y así de paso te desbravas contra esta maldita máquina.
Por último, toca cargar la batería del robot. Al tratarse de un modelo de última generación es sostenible y no consume electricidad, sino que se carga vertiendo en el orificio bucal un líquido orgánico que fabrica la propia máquina y que hay que extraer de su polla. Una vez realizada la extracción del líquido frotando con el guante o como quieras, y recogiéndolo todo en un vaso, con una cuchara se lo vas metiendo en la boca para que rellene el depósito… ¡y ya lo tenemos cargado nuevamente!


