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La superpolicía y el voyeur

Tú eres policía y me has llevado a comisaría detenido por voyeurismo; una vecina me ha denunciado porque cada noche la miro por la ventana mientras se desviste. 

Me ordenas que me desnude a fin de comprobar que no llevé nada peligroso y cuando ya me he quitado toda la ropa e ibas a sujetarme las manos con una brida, en un despiste te la cojo, me llevo también conmigo unas tijeras, corro hacia la celda y con la brida me encierro. Ahora solo yo puedo salir si corto la brida con las tijeras, lo que no haré si no me das garantías de que me dejarás libre de cargos. 

Tú no lo aceptas e intentas como sea llevarme hasta las rejas para poder agarrarme y atarme a ellas. Pero no es fácil, no hay modo de cogerme si no me acerco yo. Por tanto, dado mi “historial”, tu estrategia es seducirme insinuándote, desnudándote y acercándote para que yo me excite, pruebe de tocarte y entonces puedas agarrarme. Viéndote, la polla se me va poniendo erecta hasta que la tentación puede más que la prudencia y miro de acariciarte sacando las manos por las rejas, o incluso la polla intentando follarte. Todo en vano. En una de estas veces, consigues sujetarme y atarme a las rejas con una cuerda o con unas esposas. Una vez inmovilizado, recuperas las tijeras para poder entrar. Lo consigues usando una toalla, por ejemplo, arrojándola al suelo para ir acercando las tijeras a las rejas. Cuando ya las tienes, cortas la brida y abres la celda. Terminas de atarme bien a las rejas y quedo expuesto a ti por delante y por detrás. Ahora toca castigarme por ser un voyeur sexual. Puedes darme nalgadas (sin dejar marca); abofetear la polla, que está tiesa y entre las rejas, o sentarte en la cama y apretar los pies contra ella; sujetarla bien fuerte contra mi supervibrador para que me duela y, tal vez, me corra… Con todas las torturas sexuales que me harás, se me quitarán las ganas de hacer de voyeur y te juraré que no volver a espiar a la vecina. Entonces me sueltas. 

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