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El interrogatorio por Lady Sadira: Versión Sadira

Parecía que iba a tener una tarde tranquila, salir de la oficina, ir a la mazmorra a tener una sesión normal y corriente y luego irme a casa, pero esta tarde fue diferente, mi sumiso había tenido una gran idea, íbamos a dar vida a un secuestro y yo no podía estar más entusiasmada con la idea de convertirme en una mujer vengativa y luchar para recuperar lo que me habían quitado.

Soy una mujer valiente y decidida, vivo en una vibrante ciudad, donde hay bastante gente sin escrúpulos y envidiosa que no dudan en coger lo que no es suyo sin permiso. Pero está vez, el perro que ha intentado robarme no se saldrá con la suya. Por fin se dieron las circunstancias idóneas para recuperar lo que era mío. Me encontré con quien había cometido el gran error de robar a la persona equivocada. 

El perro salió del baño tranquilamente, él no sabía que yo estaba ahí fuera, esperándole, todo paso en cuestión de segundos, puse un trapo mojado en tu boca y lo siguiente que recuerdo es estar esposándole en la silla donde comenzaría el juego. Esperé hasta que saliese de ese trance para que no perdiera detalle de lo que estaba ocurriendo, fue en ese momento cuando le puse la máscara y empezó mi diversión.

Mascara puesta, ojos tapados, esposas en pies y manos y por si fuera necesario algo más de sujeción cinta de carrocero en su pecho. El perro iba a contarme con todo lujo de detalles qué había ocurrido y donde estaba el botín, aunque ya sabía yo que no iba a ser tarea fácil recuperarlo.

Sadira: ¿Dónde está?

Perro: No sé de lo que me estás hablando.

Sadira: Perro, tú te crees que me voy a creer que no sabes dónde lo escondiste.

Perro: Yo no fui…

Intentaba dialogar con él y conseguir mi botín por las buenas pero el perro no parecía dispuesto a hablar así que empecé a follarme su boca con mi dildo, total si no hablaba al menos que fuese por una buena razón.  Cantó, comenzó a hablar y me dijo donde estaba parte del dinero.

Ya estaba más cerca, un poco más de tortura y lo recuperaría todo. Patadas en los huevos, escupitajos, tortura de pezones, bofetadas, pero sobre todo palabras, dañar su ego, romperle mentalmente, no hay nada que me guste más que convertir a un supuesto macho alfa en un diminuto perrito asustado. Conseguir que pierda el control de la situación. 

Solo hizo falta un poco de asfixia para que me dijese donde estaba el resto del botín, lo encontré rápidamente. Poco a poco fui desatando al perro y este fue volviendo al mundo real después de la catarsis que había vivido y la tensión a la que se había visto sometido.

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